Edicion N° 47
Septiembre 2015

Un cuento para Niños, para salvar a otros Niños, que dejaron de serlo
Por Nicolás Chadud Díaz
¡Mamá, mamá!, ¿quienes son esos hombres barbudos que aparecen en la TV? Pregunta la niña despavorida….su madre en silencio.

Tengo miedo mamá, ¿me cortarán la cabeza a mí también si no me como la comida? ¿Por qué hacen cosas malas?

Mi amor, te voy a contar una historia, en realidad es como un cuento.

En un lugar muy lejano de aquí, en el denominado cercano oriente convivían diversos pueblos arábigos (arameos, nabateos, cananeos y fenicios, entre otros) que tenían un idioma y cultura en común. Ellos vivían en una zona geográfica donde la vida no era fácil porque era un territorio mayoritariamente desértico, de temperaturas extremas y con muy poca vegetación. ¿Con pocos árboles mamá? Sí, con pocos árboles y escasos ríos que hacían la vida muy dura. Por ello, debían moverse de un lado a otro, buscando terrenos que fuesen más propicios para el pastoreo, la crianza de animales, para que se pudieran alimentar y subsistir. Por las duras condiciones, se forjaron personas con un gran temple, que tenían la obligación de compartir sus alimentos. Esto influyó para que se convirtieran en una comunidad muy generosa y hospitalaria con sus vecinos y visitantes.

Durante siglos esta comunidad de personas se desplazó desde la península arábiga hacia múltiples lugares, para asentarse de manera definitiva en el norte de África, Egipto, la antigua Mesopotamia, Siria y sus alrededores. Forjaron una esplendorosa civilización que vio nacer las revelaciones divinas, elaboraron el primer alfabeto que conociera la humanidad en Ugarit, desarrollaron la poesía con pasión y refinación de la mano de gigantes como Al-Mutanabbi, la navegación en alta mar, el saber filosófico y sociológico por medio de pensadores como Ibn Jaldún, se levantaron construcciones espléndidas como La Alhambra, se integraron con otras comunidades y compartieron su cosmovisión, expandieron su fe, etc.

Cuando llega el mundo moderno y “racional” ya se habían configurado grandes imperios y diversas formas de avasallamiento. ¿Cómo es eso mamá? ¿Qué significa? ¡Pregunta la niña de manera incisiva! Lo que pasa es que ciertas entidades políticas no estaban dispuestas a convivir en armonía y paz. Se basaban en una supuesta “misión civilizadora”, pues pensaban que había pueblos y países que por “naturaleza” eran “atrasados, salvajes e irracionales” y, por lo tanto, debían estar sometidos hasta que “maduraran y se civilizaran”. Además, pretendían conseguir riquezas, pasando por encima de otros pueblos, sin respetar sus creencias y formas de vida. Esto se agravó cuando en el siglo XX en las tierras de este pueblo antiguo y esforzado, el pueblo árabe, se descubre un líquido negro que va a ser fundamental como fuente de energía a nivel planetario, para el funcionamiento de la economía basada en industrias y maquinarias. ¿Cómo así mamá? Hija es con lo que funcionan también los automóviles. ¿La bencina mamá? Sí corazón. Entonces, países muy poderosos hicieron todo lo posible para instalarse en esa zona e imponer a malhechores gobernantes, que permitiesen sacar este recurso fósil a un precio muy bajo, sin considerar las necesidades y aspiraciones de ese pueblo. Finalmente, la inocente hospitalidad se transformó en impotencia para revertir aquella situación ¿Pero los barbones feos y malos de donde salieron?

Esos barbones son tipos muy recientes que no creen en que personas con distintos credos y creencias puedan vivir juntos. ¿Pero cómo llegaron? Fueron mandatados y potenciados por gobernantes sin escrúpulos a sembrar el terror y el sectarismo, para que el pueblo árabe se mantenga dividido y débil. De esta forma, podrán seguir usufructuando y abusando del pueblo nativo. Son como un títere malo, unos títeres malvados, la madre acude a esta metáfora, pero como tú sabes a tus 7 años, detrás de los títeres siempre hay alguien que los maneja, que pone una voz y monta una escena. Los barbones creen tener convicciones, pero en el fondo son utilizados para acabar con la libertad y así justificar la presencia colonial de estos países que se creen superiores, que ni vale la pena nombrar.

¿Mamá entonces no todos los barbudos son malos? La barba no tiene nada de malo, son los actos los reprochables y condenables. El integrismo que invoca a Dios a su completo antojo no conduce a la humanidad a ninguna buena parte y el afán de conseguir más riquezas y más territorios destruyendo a su paso la convivencia de millones de personas y todo el legado arquitectónico-cultural de miles de años, es una catástrofe irreparable.

Para que sepas, hace más de 100 años, muchas personas árabes de Líbano, Siria, Jordania y Palestina llegaron hasta nuestro país, cruzando la cordillera de Los Andes a lomo de mula. Trajeron sus costumbres, su nobleza y ganas de superación, adaptándose e integrándose a su nuevo país. A ellos no le gustan tampoco esos hombres barbudos, porque destrozan las casas y las ciudades de sus antepasados y logran construir una imagen tergiversada, llena de prejuicios que en muchas ocasiones es repetida por los medios de comunicación. ¿Los de la TV también son malos? No, no es que sean malos, si no que no se dedican a investigar el tema suficientemente y, por tanto, su visión se torna sesgada y poco equilibrada. Lo nefasto de todo esto, es que millones de niñas y niños se están quedando sin casa y alimentos, convirtiendo a sus países en verdaderas ruinas, infantes que si no hacemos algo, quedarán atrapados en esta nueva realidad que instalan los barbudos que parecen salidos del cine Hollywoodense.

El poder vuelve locos a los hombres y el amor por el dinero, que no es genuino amor, puede conducir a la humanidad a un abismo, a una situación crítica de vulnerabilidad, en donde los más afectados serán los inocentes pueblos y las nuevas generaciones. Pero hija querida, no hay que perder la esperanza en que algún día, los niños de Irak, Siria y Palestina, podrán disfrutar de sus vidas, bañarse en el mar, correr sin que les estalle nada sobre sus cabezas, pero para que eso pase, debemos enseñarles a los otros niños y al mundo, que no hay pueblo malo sin derecho a la autodeterminación, sino intereses perversos que son resultado de proyectos ideológicos racistas y mezquinos, contrarios a la generosidad y la vida comunitaria que cultivaron por siglos los árabes en el Hiyaz y en los alrededores de los ríos Nilo, Jordán, Tigris y Éufrates.

Ojalá en la clase de historia, en la escuela, se refieran a estos temas para que podamos construir un mundo más fraternal, más justo, donde quepamos todos y no predominen los estereotipos que juzguen a pueblos completos al descredito y los condenen a un sufrimiento en vano. ¡Así que prométeme que no le tendrás miedo a esos títeres barbudos, porque son solo títeres, es solo una fantasía que sea ha hecho real, una cruda realidad, de la cual debemos despertar!

¡Te amo hija! ¡Yo también!

Nicolás Chadud
2015
Santiago de Chile
 
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