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Edicion N° 47
Septiembre 2015
 

Más allá de Sykes-Picot. ISIS y el “nuevo imperialismo”
Por Rodrigo Karmy Bolton
1.- Sykes-Picot

1.1.- Los desiertos crecen, el sol arde como si fuera su última vez, los pueblos agonizan en medio de las luchas. Como El tiempo que resta película del director palestino Elia Suleiman, para los árabes la historia ha adquirido la intensidad de un relámpago y la desolación de una tormenta. Aparentemente desgarrados en la injusticia de una guerra no declarada, subsumidos a extrañas consignas supuestamente “incivilizadas”, apropiándose de las calles del mundo y, sin embargo, atomizados por las instituciones internacionales sólo a ser objeto de ayuda humanitaria, de los árabes se puede decir hoy lo que una vez la filósofa Hannah Arendt dijo de los judíos de su tiempo: los árabes son la “vanguardia de los pueblos”: más allá de toda inscripción estatal, los árabes anuncian la mutación de las formas políticas, imaginando otros modos del vivir juntos. Abandonados en los bordes de una historia que insiste ser escrita por los oligarcas de nuevo cuño, los árabes viven en una zona de excepcionalidad permanente en la que todas las categorías políticas implosionan. En medio del desgarro la poeta egipcia Imam Mersal escribe: “Como si los picos no bastaran para derribar, / con las manos / los obreros arrancan las ventanas por la que solían colarse los duendes. / A patadas tiran la puerta trasera; se desploma su recuerdo. El presente no es más que el derrumbe de los techos, la violencia sobre las puertas, el quiebre de las ventanas, todo lo familiar se vuelve extraño. Extrañeza de mundo, sobrevivencia por cada día y cada noche, quizás, la destrucción masiva, sistemática y constante del mundo árabe contemporáneo, no sea más que un enorme trabajo de desaparición. Con el mismo desgarro, Adonis aún podía titular a uno de sus poemas Prólogo a la historia de los reyes de Taifa en el que proclamaba: “Me heriste de muerte, mataste mis canciones. / ¿Eres revolución / o matadero?” Revolución o matadero, quizás ésa sea la cuestión abierta hoy. El mundo árabe parece reeditar la “historia de los reyes de Taifa” haciendo que la diferencia entre “revolución” o “matadero” quede como indecidible.

En una sola imagen, los poetas parecen inteligir la crudeza del presente. Un tiempo feroz, sin duda, que ha sido despojado de las formas que lo contuvieron durante todo el siglo XX, pero que hoy ya no puede más. Formas que han sido conducidas a su punto cero, donde sus contornos comienzan a borrarse, sus alianzas a traicionarse, y sus proyectos a desvancerse. Formas que han puesto al desnudo su matriz abiertamente imperial por haber sido estructuradas desde esa “traición” sufrida por los árabes, por parte del imperialismo franco-británico que en los anales de la historia quedó como los acuerdos de Sykes-Picot. Acuerdo secreto entre las potencias imperialistas de la época que configuraron la cartografía actual del mundo árabe y su actual desplante geopolítico.

Para ser precisos con la historia, diremos que éstos acuerdos se gestan en plena descomposición del imperio turco-otomano y en la progresiva penetración regional del imperialismo franco-británico. Los británicos se alían con los árabes para contrarrestar a la Entente de la época, prometise ﷽﷽﷽﷽﷽﷽ formalrola en virtud de los intereses del imperialismo. A esta luz, ura, islam es fanatismo, comunidad internacional éndoles su independencia. En la Meca, Husayn Al Hashimi sueña con reconstruir el imperio árabe, frente a su rival Ibn Saud. El 24 de Octubre de 1915, el general británico Mc Mahon envía una carta a Husayn en la que, efectivamente, reconocía y aprobaba la independencia de los árabes. En 1916, Husayn se proclama su rey, pero inmediatamente las potencias europeas lo restringen a ser solamente rey de Hiyaz. Para el 3 de Enero de 1916 (un año antes de la Declaración Balfour que condicionará la situación colonial en Palestina), los plenipotenciarios Mark Sykes y François Picot firman un tratado en el que Gran Bretaña y Francia se reparten los territorios árabes que una vez pertenecieron al Imperio Turco-Otomano: Gran Bretaña asume una influencia decisiva desde Palestina hasta el Golfo Pérsico, por cierto, incluyendo Iraq, mientras que Francia –más debilitada políticamente- se apropia tanto de Siria como de Líbano. En 1917 estalla una insurrección árabe que lleva al hijo de Husayn, Faysal a Damasco con la ayuda de los ingleses, acelerando así la descomposición otomana. En 1920 se celebra la Conferencia de Paz en París, en la que se institucionalizan los acuerdos que ya habían sido propuestos por los plenipotenciarios Sykes-Picot, en el que el imperialismo franco-británico asumía el control de la región instituyendo la figura de los “mandatos”. En ese mismo año estalla una nueva insurrección en Iraq proveniente de varias sociedades de nacionalistas secretas que darán por resultado el reconocimiento de la independencia iraquí con el rey Faysal en la corona que, sin embargo, perpetuó le férrea tutela británica, en cuestiones presupuestarias, de defensa, y relativas a política exterior. Así, los países árabes surgidos desde la estructura del “mandato” se articularon como resultado del choque entre las diferentes formas de resistencia y movilización política y el juego estratégico de las grandes potencias: se transa con la insurrección otorgando una “independencia” puramente formal controlada por los intereses del imperialismo. Como ha sido visto por varios arabistas, Sykes-Picot consolidó a un Estado árabe edificado desde arriba, que el sociólogo egipcio Nazih Ayubi calificará de “hipertrófica”, en la medida que careció de siempre de legitimidad popular. En esa misma línea, Massimo Campanini, considera que Sykes-Picot habría sido una verdadera “hipoteca” del Estado árabe que lo expondrá, una y otra vez, a diversas rupturas históricas orientadas en favor de la liberación nacional. En esta perspectiva, si bien es cierto que las revueltas árabes del año 2011 inauguran un nuevo ciclo de protestas, éstas se inscriben en una larga historia de insurrección popular contra la construcción imperial del Estado árabe. Al ser una “hipoteca” del Estado árabe, Sykes-Picot será sobre todo, el marco del nuevo trazado colonial.

1.2.- En los años 50 y después de la invasión aliada en Alemania, el jurista alemán Carl Schmitt desarrollaba una reflexión clave en torno a la estructuración del orden internacional. En su perspectiva, la historia del Ius Publicum Europeaum podía contarse en base al concepto de nómos. Nómos –palabra griega que significa Ley- se definirá en Schmitt como una “apropiación originaria del espacio” que, como tal, instituye el marco general sobre el cual se trazan las fronteras en una tierra que carecerá de ellas. Sin embargo, dicha “apropiación” nomística se presenta, según Schmitt, de manera triple: como la facticidad de un poder que se apropia de un territorio en particular, como la división de dicho territorio en una repartición singular, y como una explotación de dicho territorio en favor de los intereses de dicho poder. En este registro, sostenemos que, en cuanto forma política, Sykes-Picot fue el nombre de un nómos imperial representado por las potencias mundiales de la época como eran Gran Bretaña y Francia. A esta luz, Sykes-Picot estructuró el territorio, dividió sus zonas y explotó sus recursos en favor de las potencias coloniales: aporpiación, división y explotación colonial es la tríada impuesta por Sykes-Picot. Con ello, Sykes-Picot fue el nómos imperial que estructuró la región una vez el Imperio Turco-Otomano se hubo diseminado, y sobre cuyo trazado se erigió el Estado árabe moderno. Sykes-Picot fue un nómos imperial que sobredeterminó la totalidad de la política árabe, desde el período monárquico, pasando por el periódo nacional-populista, hasta el nuevo período neoliberal que hoy vivimos. Sykes-Picot fue la matriz estatal-nacional del imperialismo previo a la Segunda Guerra Mundial: inauguró al Estado árabe, pero siempre bajo la tutela imperial de sus potencias.

Sin embargo, aunque aún no contemplamos su fin, Sykes-Picot parece haber terminado. Las posibilidades del discurso estatal-nacional que se apoyaban en él parecen estar agotadas: si este discurso tuvo en el nacional-populismo árabe una resonancia decisiva, el proyecto pan-árabe y su vocación liberadora parece haber quedado atrás. La forma de Sykes-Picot está vacía. Su vaciamiento se habría iniciado, a nivel exterior, con el triunfo de los aliados en la Segunda Guerra Mundial en el que los EEUU desplazó al eje franco-británico y, a nivel interior, con la guerra de 1967 que despoja a Egipto de su liderazgo regional y, progresivamente, deslegitima al discurso pan-árabe de su fuerza movilizadora. A nivel exterior, desde 1945 los EEUU se han implicado en la región sostenidamente, al punto que sólo entre 1940 y 1967 las compañías petroleras de los EEUU aumentaron su control desde un 10% a un 60% en desmedro de las compañías inglesas que disminuyeron desde el 72% en 1940 al 30% en 1967. A nivel interior, 1967 inicia el proceso que desembocará en los acuerdos de Camp David entre Egipto con Israel que, como planteará Samir Amin, tuvo dos consecuencias clave: a) articulación de una política económica neoliberal (infitah); b) giro ideológico egipcio hacia los EEUU y ya no la URSS, bajo el mando de Sadat. 1967 inicia el proceso por el cual la matriz estatal-nacional proveída por nómos de Sykes-Picot sobre la cual se apoyaron los proyectos nacionalistas y socialistas iraquíes, egipcios y sirios entre otros (incluidos la RAU), comienza a visibilizarse cada vez más vacía, agotada, exhibiendo su complicidad con la nueva égida imperial.

En efecto, su progresivo vaciamiento se anuda en la cada vez más importante hegemonía norteamericana en la región. Como se sabe, dicha hegemonía se sostiene en el intento por parte de los EEUU de controlar las grandes reservas de petróleo en Oriente Próximo en función de controlar lo que David Harvey llama el “grifo global de petróleo” y, con ello, controlar la totalidad de la economía global: quien controle ese grifo controlará la economía mundial en los próximos 50 años. Quien controle ese grifo impedirá que otras potencias se alcen en su contra. A esta luz, si Sykes-Picot fue el nómos imperial de cuño estatal-nacional, implementado por eje franco-británico, hoy dicha forma está desplazada por el “nuevo imperialismo” que, desde la guerra del Golfo de 1991 visibilizó a los EEUU como su vanguardia. El conflicto entre la antigua forma que exhibe su caducidad y la nueva forma que aún no se traza, se ha dejado entrever de dos modos: con las revueltas arabes de 2011 que intentaron desactivar las formas dictatoriales que asumió la matriz estatal-nacional en el nuevo horizonte impuesto por la racionalidad económico-gestional del “nuevo imperialismo”, para su impugnación radical; y con el surgimiento de ISIS, el Estado islámico que constituye la inversión de las revueltas de 2011 y del cual hablaremos a continuación.

2.- ISIS

Existen dos tesis acerca de ISIS que circulan en boca de los medios. La primera es que ésta sería una expresión más del carácter intrínsecamente violento del islam y que confirmaría el escenario de “choque de civilizaciones” tal como lo habría teorizado Samuel Huntington. La segunda, es que ISIS, sería un grupo articulado financiera y políticamente por la tríada entre Arabia Saudita, Israel y los EEUU, en función de destruir al último bastión supuestamente “anti-imperialista” que sería el Estado sirio. La primera tesis es lisa y llanamente falsa, y lleva consigo el peligro de la sustancialización del islam que actualiza todos los prejuicios orientalistas acerca del islam como “religión política” o “religión militar”; la segunda si bien tiene algunos elementos ciertos, es preciso profundizarla y ver en qué sentido ISIS apunta a la destrucción del Estado sirio y advertir que, en cualquier caso, éste último no constituye ningún reducto ni moral, ni ideológico de la lucha “anti-imperialista”, sino un engranaje más de la lucha global del proyecto geoeconómico global propuesto por el nuevo imperialismo [1].

ISIS efectivamente fue, como Al Qaeda en su momento, un montaje del “nuevo imperialismo” que, seguramente, tuvo como misión inicial la destrucción del régimen sirio para desarticular el enclave iraní y potenciar así, al régimen saudita que, en su pugna regional por la hegemonía, favorecía los intereses norteamericanos en la región. Todo eso es cierto hasta que los iraníes asumieron el gobierno de Al Maliki en Iraq, que el eje ruso-chino comenzó a presionar a los EEUU para evitar que interviniera directamente en Siria el año 2012 y, entonces, este grupo que inicialmente constituía una célula del Al Qaeda iraquí, va a Siria y, premunido de pertrechos de origen norteamericanos (humvees y tanques), así como también, de militantes que provenían de células de Al Qaeda iraquí y restos de un ejército descabezado por la invasión norteamericana del año 2003, se emancipa de él. Por eso, ISIS no es un grupo de dementes que de un momento a otro comenzaron a dominar la región, sino una articulación muy precisa que, bajo el alero de Al Bagdadhi y en el contexto de la transformación de la revueltas sirias en oposición armada, lograron desprenderse de Al Qaeda implementando una estrategia inversa: si Al Qaeda luchaba militarmente con la oposición en contra del régimen sirio para construir desde ahí su legitimidad, ISIS ganó legitmidad aplicando la violencia y sometimiento inmediatos. Su capacidad para invertir la estrategia estuvo dada gracias a las armas norteamericanas provenidas tanto del ejército iraquí como de Arabia Saudita, pero también, porque su expansión militar sobre ciudades como Mosul, le permitió obtener el dinero de los bancos y apropiarse de diversos pozos petroleros. Así, ISIS elimina la competencia islamista (Al Qaeda y Al Nusra) y, dominando algunas zonas de Siria, convierte a Raqqa en el modelo del “gobierno islámico”. Y es precisamente en ese momento cuando en Junio de 2014 ISIS saca un comunicado en el que se proclama como “califato”.

Por eso, desde mi perspectiva, ISIS es, más que un “montaje” alojado en la malévola cabeza de un conspirador, un síntoma del desmantelamiento del Estado árabe y, por tanto, el síntoma del fin del nómos imperial de Sykes-Picot. Precisamente, la consigna de ISIS es que Sykes-Picot ha terminado y que ellos vendrán a estructurar el nuevo nómos imperial. En efecto, The end of Sykes-Picot es el nombre de un tráiler en el que ISIS muestra el fin del nómos imperial exhibiendo el derrumbamiento de las fronteras entre Iraq y Siria. La antigua frontera, repartida inicialmente por los “mandatos” de Gran Bretaña y Francia y que constituyó la matriz de sus respectivos estados-nación, ya no existe. Las aduanas están abandonadas, las banderas y signos estatales yacen en la ruina. ISIS se alza en la ruina del Estado: por eso inicialmente apoya su poder en los jefes locales iraquíes frente al poder central de Al Maliki impuesto por los EEUU e Irán y por eso despliega un verdadero programa gubernamental con el que gana a la población local en una combinación de tres líneas de trabajo que son la administración religiosa, la humanitaria y la del espectáculo mediático.

En cuanto síntoma de la destrucción de un nómos ISIS es un fenómeno que expresa un conflicto que no pudo canalizarse. O, mas bien, si dicho conflicto había encontrado en las revueltas del 2011 su abertura y posibilidad de desactivación, la represión de los respectivos gobiernos impugnados y la inmediata presión de las potencias regionales y globales sobre ellas, terminó transformándolas en engranajes de una guerra civil. Así, en cuanto síntoma, ISIS ha surgido tanto de la debacle misma del Estado árabe en general como del aplastamiento de las revueltas del 2011 que impugnaban la consistencia de ese mismo Estado, en particular. A esta luz, ISIS ha comenzado a trazar las formas del “nuevo imperialismo” cuya geoeconomía se impone a los Estados árabes para constituirlos desde un férreo autoritarismo político de corte policial y de un despiadado neoliberalismo económico que, desde finales de los años 70 ha terminado por producir una “acumulación por desposesión”, enriqueciendo a muy pocos y empobreciendo a los muchos. Poder policial y economía neoliberal, esos son los dos componentes que el “nuevo imperialismo” impone a los Estados árabes. En efecto, a diferencia del imperialismo clásico que en el mundo árabe llevó el nombre de Sykes-Picot y sobre el cual se erigió su Estado, el nuevo imperialismo ya no consiente a la estructura estatal-nacional, sino que las rebasa en la nueva racionalidad económico-gestional de corte global. Pero el nuevo imperialismo no se basa en la hegemonía de un Estado-nación en particular, sino en la articulación de una red que configura a una oligarquía militar-financiera que se arraiga de manera global (instituciones globales como el FMI, el Banco Mundial) regional (instituciones regionales como la Liga árabe) y local (oligarquías gobernantes de cada país).

Es evidente que los EEUU resultan clave, pero este imperialismo les rebasa en su consistencia. Si el antiguo imperialismo que Lenin lúcidamente indicaba como “fase superior del capitalismo” se articulaba en base a “dos o tres potencias mundiales saqueadoras armadas hasta los dientes” (Lenin), el nuevo imperialismo asume más la forma de una red oligárquica exenta de un centro hegemónico en particular, pero constituida de varios soportes globales de corte local, regional y global. Así, el nuevo imperialismo asume una forma económico-gestional que subsume las estructuras erigidas por el imperialismo clásico de corte estatal-nacional: Sykes-Picot se mantiene, pero sólo al precio de volverse cómico. De la tragedia imperial clásica a la comedia imperial contemporánea se anuda ISIS para mostrar la comicidad misma de un nómos imperial. Entre una forma imperial y otra, entre una forma caduca y otra que aún no se consolida del todo, ha surgido ISIS para aceitar su máquina.

Por esta razón, ISIS es el reverso especular de las revueltas del año 2011: si las revueltas reivindicaban el “poder común” en el que diferentes actores convergían en una sola plaza y donde no había otra cosa que multiplicidad, en ISIS es la violencia sectaria la que copa las acciones y donde toda diferencia es aplacada por un complejo sistema gubernamental que opera en diferentes niveles e instituciones; si las revueltas fueron un poder orientado a la revocación del Estado, ISIS se articula como un poder fundador de un Estado y, finalmente, si las revueltas fueron el brote de una imaginación común en la que se abría la posibilidad de otro modo de vivir juntos, ISIS constituyó su reverso estetizante en una relación mimética con el espectáculo mediático hollywoodense, que terminó por suturar lo que las revueltas árabes habían anunciado al por venir.

3.- Máquina mimética

A pesar que ISIS se presenta a sí mismo como un proyecto “alternativo” a lo que hemos llamado el imperialismo económico-gestional, en realidad, éste constituye la consumación de su lógica y, por ello, la consolidación de su racionalidad. Pero la fuerza gubernamental de ISIS se anuda en base a la concatenación de dos términos extraídos del léxico musulmán e interpretados bajo la nueva égida gubernamental: el “califato” que lleva consigo el ejercicio de la soberanía y el “imamato” que despliega su carácter gubernamental. ISIS articuló lo que Giorgio Agamben denomina una “máquina gubernamental” constituida por los polos de la soberanía que tiene capacidad de decisión y que es representada por el término “califato” y el del gobierno que tiene por función la adminstración, articulada por el término “imamato”. ISIS hizo el ensamble entre las dos formas de ejercicio del poder contemporáneo en base al léxico islámico o, lo que es igual, hizo del islam una verdadera máquina gubernamental que combina la milicia, la administración y el espectáculo en una misma racionalidad. De esta manera, ISIS constituye la mímesis del “nuevo imperialismo” y no su “alternativa”: es su repetición en clave musulmana, la consumación de su racionalidad, antes que su eventual desactivación material.

Ahora bien, la configuración de la máquina gubernamental islámica constituida por la circularidad entre califato e imamato se despliega en base a tres líneas específicas de trabajo: una administrativo-religiosa, administrativo-humanitaria y una administrativo-espectacular. Estas tres líneas constituyen el funcionamiento interno de ISIS mostrando que éste se proyecta como un proyecto económico-gestional al interior del devastado mundo árabe y, en ese sentido, se articula como una verdadera mímesis en la escena del nuevo imperialismo global.

a)Administrativo-religioso: a.1.- Da`wa que en árabe significa “llamado” realiza sermones religiosos para educar a los participantes acerca de las creencias de ISIS: difunde panfletos, genera grupos de estudios en las mezquitas y se articula internamente con los Institutos de la Sharia en los que se imparte materias religiosas. a.2.- Al Hisba que es la policía religiosa y que tiene por objetivo la promoción de las virtudes así como “prevenir el vicio”, la desobediencia, etc. Son responsables de documentar las violaciones a la sharia con tipificaciones bien precisas. Hasta ahora ISIS ha invertido mucho en la infraestructura de esta policía. a.3.- Ta´alim es la educación orientada a los niños. Su curriculum se asienta en la enseñanza de las ciencias islámicas, el estudio del Qurán, y también física y matemática. Con ello, reafirma el apoyo local y educa a ciudadanos para la construcción de su Estado. a.4.- Cortes: para ISIS, estas cortes constituyen una parte precisa del engranaje de poder, toda vez que hacen efectiva la ley musulmana, sentenciando “castigos públicos” por las diferentes ciudades. a.5.- Policía local: esta última es también una pieza clave pues tiene por función mantener la seguridad pública y se diferencia de la policía religiosa, toda vez que no gobierna sobre materias religiosas, sino en asuntos cotidianos como la regulación de la inflación, el cumplimiento de la tasa de impuestos y de llevar casos diferentes a las cortes. Es evidente que esta policía reina en la excepción permanente y hace de la tortura un lugar común contra activistas políticos, niños de 8 años u mujeres que exigen información sobre familiares desaparecidos. a.6.- Reclutamiento: ISIS tiene una oficina de reclutamiento que está abierta para todo musulmán del planeta.

b)Administrativo-humanitario: b.1.- Ayuda humanitaria: ISIS provee de ropa, comida, gasolina y servicios médicos, en función de generar dependencia con la población local. Así, también fomenta precios bajos controlando la inflación. b.2.- Servicios básicos: La expansión militar de ISIS ha hecho que se apropien de represas de agua y de centrales eléctricas. Hasta el momento controla 3 represas y dos plantas generadoras, dando servicios de agua y luz a diferentes poblados.b.3.- Comida: ISIS controla fábricas de alimentos, sobre todo de pan para proveer a la población. En Aleppo y Raqqa hay tres grandes industrias que ahora estan en manos de ISIS.

c)Administrativo-espectacular: ISIS utiliza la externalización para contratar a finos publicistas que elaboran sus signos del poder: desde la bandera negra (que remite a los mártires y a la lucha musulmana) hasta la complejidad de los tráilers que produce y que se ciñen miméticamente a la estética hollywoodense. Analicemos uno de esos tráilers en los que curiosamente participa un chileno: Abu Safiyya. El tráiler muestra lo siguiente: Abu Safiyya, en un perfecto inglés y árabe intercalados, va guiando al espectador en una suerte de tour de la catástrofe, mostrando las ruinas de Irak: sus antiguas aduanas que delimitaban las fronteras, sus escudos, sus banderas –a las que califica de “herejes”– y sus diversos edificios públicos abandonados al polvo del desierto. En medio, Abu Safiyya, premunido de una permanente sonrisa –en señal de triunfo– y con una gorra negra que acompaña a su larga barba, va diciendo: “Romperemos todas la barreras, de Irak, de Jordania, de todos (…)”. Mientras muestra un gran mapa de las fronteras regionales, dice: “Este es un mapa de las fronteras, ahora ya no hay más fronteras”. Todo lo que había dividido Sykes-Picot queda en el suelo. Sykes-Picot está hecho ruinas. Sykes-Picot, según lo presenta el tráiler, ha quedado como un vago recuerdo de la opresión sufrida por el mundo árabe. Abu Safiyya representa a Sykes-Picot en la bandera iraquí envuelta en polvo y rasgada por el paso de la catástrofe, calificándola de “hereje” (kufr), calificativo islámico para aquellos que se subsumen en la ignorancia de la idolatría y olvidan de este modo el pacto originario con Dios. El singular personaje termina su alocución diciendo: “No hay nacionalidades, somos todos un solo país”. Las fronteras se diseminan. Se borran como el viento borra las huellas trazadas en la arena del desierto. No existe más división, sino unidad; no hay ya más ignorancia, sino revelación; no hay más idolatría, sino piedad. La forma Estado, un falso ídolo que obnubiló a los árabes por todo un siglo, parece haber dejado el paso al despertar de la comunidad musulmana (la umma) que ellos mismos –y sólo ellos- representan.

En la máquina mimético-gubernamental constituida por la noción de “califato” e “imamato” a través de la cual ISIS despliega su destrucción soberana, se anudan las tres líneas de trabajo con su concepción de la guerra. En efecto, su noción de espectáculo hay que ligarla con su noción de “guerra” y diferenciarla respecto de la estética implementada por Al Qaeda: para ISIS, la guerra no remite ni al paradigma de la liberación nacional, ni exclusivamente al de la red, sino al de una guerra gestional de carácter espectacular que opera a escala global. Si se comparan las “producciones” filmicas de Bin Laden con las de ISIS se percibirá inmediatamente la diferencia: estos últimos asumen una estética espectacular, configuran trailers y no simplemente mensajes con el líder arengando.

No es la guerrilla la que hace espectáculo –Bin Laden y los atentados al World Trade Center–, sino el espectáculo el que configura a toda acción bélica. Por eso el verdadero padre y, por tanto, su rival más decisivo, no es Estados Unidos a secas, sino su estética hollywoodense a la que pretende imitar y con la que intenta rivalizar. Para ISIS, como para Hollywood –o si se quiere también para Disney– no existe la diferencia entre la realidad y la ficción, entre el mundo y el espectáculo, sino que el espectáculo se ha asumido como mundo y por tanto, el mundo se ha vuelto espectáculo.

De ahí que sus ejecutados vistan el mismo traje naranjo igual a los que se visten a los prisioneros de Guantánamo. Como una respuesta desde los mismos signos, tecnologías y violencias, el espectáculo asumido como mundo –es decir, la aniquilación de todo “mundo”– significa, por consiguiente, que la guerra también debe desplegarse espectacularmente. De esta forma ISIS se ha convertido en la verdadera estrella del espectáculo mediático: todos los regímenes de la región (Irán, Siria, Irak, Egipto, Turquía), en conjunto con todas las potencias occidentales, pretenden su cabeza. ISIS se convirtió en el antípoda de todo aquél que se digne a pertenecer a la comunidad de los hablantes con la que el nuevo imperialismo ejerce su dominio articulándose desde una forma muy precisa de humanismo [2].

En este registro se inscribe su obsesión por la destrucción: la destrucción de ruinas como las de palmira, por ejemplo, no es más que la confirmación de la estetización de la violencia toda vez que, en su perspectiva, toda acción bélica no es más que una performance de carácter espectacular. Se trata de hacer de la guerra una película y de la película una guerra, tan poderosa como las de Hollywood. Se trata, por tanto, de destruir lo que se halle en el camino para exhibir el poder de esta enorme máquina mimética que ha comenzado a funcionar y que, al igual que Hollywood, pretende construir un happy end a la catástrofe de Sykes-Picot.

4.- Fitna

El 1 de Julio de 2015, ISIS apunta a 21 posiciones militares egipcias en el norte del Sinaí, durante más de 8 horas de enfrentamientos entre ISIS y las fuerzas egipcias quedan varios muertos y heridos. Egipto envió tres bombarderos contra los posiciones de ISIS en Sheikh Zuweid con F 16 y helicópteros apache (armas de EEUU contra armas de EEUU), y luego hubo escaramuzas cerca de Rafah, en la frontera de Gaza. En ese momento ISIS declara su pretensión de desplazar a Hamas de Gaza, tal como lo señaló un comunicado del 29 de Junio de este año. Este reciente movimiento implica un explícito intento de extensión de su territorio.

En Libia, ISIS pierde Derna y se enfrenta a la milicia local, también de corte islamista, pero controla Sirte casi completamente. El 27 de Junio de 2015 ISIS gana nuevos territorios en Libia y Afganistán, lanzando nuevos ataques en Yemen, Egipto y Kuwait. Pero Siria e Iraq constituyen los territorios más importantes de su acción, cuya estrategia de expansión resulta ser sistemática por cada Estado árabe que ha implosionado. Esta es la razón de su relativa fuerza: mientras más horadado se halle un Estado, más fácil resulta su penetración. A esta luz, ISIS tiene por objetivo el apropiarse del vacío de poder no dejado por tal o cual gobernante, sino por el Estado árabe en su conjunto: se introduce en la población local, se apoya en tribus, nutre con dinero y armas para después comenzar a avanzar militarmente destruyendo las instituciones establecidas y, sobre ellas, configura las nuevas instituciones que, en base a la circularidad entre el “califato” y el “imamato”, establecerán su funcionamiento.

Si en medio de la destrucción de Sykes-Picot en orden a la imposición del nuevo imperialismo global, se reanuda la “historia de los reyes de taifa” señalada por Adonis, ISIS es uno de esos reyes. Unos reyes que no tienen reino, pero cuya guerra civil alimenta las pretensiones del nuevo imperialismo. Y esto porque el nuevo imperialismo expande su orbe gracias a la producción de la “guerra civil”. Esta última –como nosotros en Chile y Latinoamérica sabemos perfectamente- se introduce localmente transformando así, a los movimientos revolucionarios que amenazan con cortar la racionalidad capitalista, en grupos armados que pugnan por ingresar al proceso del capital.

La “guerra civil” no es una anomalía en nuestro tiempo, sino su tenor más consistente. La “guerra civil” se ha vuelto el paradigma por el cual el nuevo imperialismo gobierna el mundo. Se trata de producir guerras civiles, se trata de multiplicarlas para alimentar la circulación del capital. A partir de la configuración de la “máquina mimética” que da lugar a ISIS como proyecto gubernamental, éste exhibe crudamente al proceso mismo del capital global: descabeza hombres, masacra a pueblos, tortura a mujeres, administra las creencias y bombardea mediáticamente al planeta. ISIS es la pornografía en versión musulmana, la exhibición de la violencia soberana en el nuevo registro económico-gestional con el que se mimetiza.

Si las revueltas árabes impugnaron al nuevo imperialismo, ISIS lo reproduce incondicionadamente. Así, se abre una zona indecidible entre “revolución o matadero”, tal como lo señalaba Adonis, en que los tiempos árabes –como los tiempos de todo el planeta- se retuercen en medio de una guerra civil mundial que ISIS aceita una y otra vez. En ese sentido, quizás, la lucha decisiva habrá de plantearla en función de restituir la vida común y cortar el registro mimético, tal como lo anunciaron las revueltas del 2011. Una revueltas que fueron el eco de la crítica que, una vez, hizo un jurista cordobés del siglo XII en contra de la investidura pública de la que gozaban los teólogos de la época: “Porque el alma se llena de profundo dolor y tristeza ante el espectáculo de confusión y desorden que ofrece la religión del islam consumida en depravadas pasiones y extraviadas creencias” [3].

Julio, 2015.

NOTAS

[El texto reproducido en Hoja de Ruta fue presentado por el autor en conferencia dictada el 9 de Julio del año 2015 en el Instituto Chileno-árabe de Cultura].

[1] Los trabajos de Toni negri y Michael Hardt que caracterizan la situación actual bajo el término “Imperio” de David Harvey que lo trata bajo el término “nuevo imperialismo” o por Samir Amin lo que concibe como “capitalismo de los grandes monopolios” configuran un replanteamiento marxista del problema del imperialismo. En mi perspectiva, las diferentes caracterizaciones antedichas ponen el acento en la configuración de una nueva matriz imperial que, me parece, debería terminar por sustituir el término “geopolítica” planteado en su momento por el sueco Rudolf Kjellen, por el nuevo término “geoeconomía”. Esta última, definiría no la lucha inter-estatal por la apropiación de territorios, sino a la lucha económico-gestional por apropiarse del mercado mundial. La lucha desenfrenada por apropiarse del mercado mundial constituye el campo del proyecto geoeconómico característico de la nueva fase imperialista que no tiene a los Estados como entidades políticas fundamentales, sino a las grandes trasnacionales que les impulsan y sobrepasan. Nuestro tiempo sería el de la geoeconomía, en la medida que se presenta como el de la lucha por los grandes espacios económicos (gaseoductos, pozos petroleros, etc.).

[2] Para el nuevo imperialismo, ser “demócrata” como sustituto del antiguo “civilizado” significa asumir una antropología, según la cual, el hombre es un “hablante”. El lenguaje se concibe como “propiedad” del hombre y sólo así, su humanidad puede definirse en virtud de la exclusión de un resto animal al que se identificará todo aquél que no se someta a esta “norma antropológica”. Por eso, el “humanismo” no puede sino ser imperial, toda vez que impone su norma antropológica y asume una dimensión excluyente en la que él mismo muestra su reverso especular: el racismo. Véase Karmy, Rodrigo Palestina o la inquietud de los hablantes En: Revista Actuel Marx El humanismo y sus ficciones Número 17, Segundo semestre 2014.

[3] Abu-l-Walid Ibn Ahmad Ibn Rushd (Averroes) “Tratado Decisivo”.
 
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